Porque, aún odiándolo, siempre lo prefería ante otras posibilidades.
Porque me sentí segura, aún en horas terriblemente macabras.
Porque me remite a la facultad, a primeros trabajos, a reírme con amigos, a llorar desengaños y frustraciones, a conocer gente, a reencontarse con vecinos.
Porque aprendí a ser tolerante con el resto, a escuchar historias que en ningún otro lugar se escuchan.
Porque es el cordón umbilical a mi casa de toda la vida, a mi historia personal.
Porque es el oeste, la comodidad del viaje en el furgón, los olores a faso fumados en boletos, la seguridad que da lo cotidiano de conocer a la gente aún no sabiendo quiénes eran.
Porque es el roce, la mostrada de pija, el nene haciendo pis, el caballero, el levantero, la mujer que a la legua se nota que es de Capital, el punga, el estudiante, el encanto de mirar los barrios por la ventanilla, el chico sin piernas, el viejito de los adaptadores, las chicas que van a bailar con pañuelos de pollera, los chocolates manoseados, el mate y la cerveza, el chori y el morcipan.
Porque formó parte de 10 años de mi vida, porque soy negrita del conurbano y porque, inevitablemente, siento que esas 750 personas eran allegados...
cómo dueles Sarmiento, cómo dueles.
me siento igual. triste y dolida. no me consuela nadie
ResponderEliminar:(
K
vine a firmar que cuándo vamos todos a conocer tu depto nuevo. no me tocó el post más alegre, precisamente.
ResponderEliminarSi, Alone..cuando me enteré de la triste noticia, en seguida me acordé de vos.
ResponderEliminarK: da escalofríos.
ResponderEliminarAgustín: cuando quieran... pero vienen de a uno que no entramos todos.
Pat: mi madre y mi novio igual... no es buena la simetría, pero en fín.
Duele, y falta el aire. Como cuando te apiñás en el rápido que está a punto de salir de la estación.
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