Estaba esperando el colectivo en la parada, con guía T en mano porque (como habitualmente me pasa) nunca tengo en claro el recorrido.
Vi que un auto se me acercó lo suficiente cómo para preguntarme si no estaba invadiendo mi espacio privado.
Desde adentro del móvil aparece un jóven (que en otras circunstancias yo hubiese mirado con intenciones) inclinándose para decirme "puedo llevarte a algún lado?"
Debo admitir que lo primero que hice fue mirar si tenía sus pantalones puestos o, al menos, la bragueta correctamente cerrada. Es que la experiencia me enseñó que hay más probabilidades de toparte pajeros en autos, que encontrar los bombones de dulce de leche en la caja.
Pero no.
Tenía sus pantalones y la bragueta en su lugar.
"Te agradezco", contesté volviendo mi mirada hacia la guía T.
"¿Quizás en otro momento?, siguió
Me reí nerviosa. Porque para esta altura ya había imaginado toda la historieta del secuestro, la violación y la descuartización en un cuartucho de algún barrio perdido de mi querido conurbano.
"Puedo volver a verte en otro momento?"
Y volví a reírme. Pero gritando en mi interior.
Y me alcanzó un papelito con su celular diciendome "si tenés ganas, podemos volver a vernos y podría alcanzarte a algún lugar"
Y me quedé pensando...
O yo ya estoy de vuelta con los nuevos levantes,
o este pibe era la reencarnación de algún tachero frustrado.
De cualquier manera... seguro me violaba después.