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martes, 16 de octubre de 2012

Una ronda de terapia para todos y todas

Me gustan las historias de amor,
pero, en algún momento de mi vida, dejé de contar esa en la que ninguno de los dos
había probado (ni siquiera) un alita de la perdiz.

Crecí viendo llorar a mares a Andreíta por un amor,
que sólo se hacía posible atravesando las ganas de sufrir gratuitamente.
Quién sabe por qué, dejé de creer que ésa era la única manera de amar.

Siempre me gustaron los músicos, los bohemios y los alocados.
Sin embargo, no se qué proceso me llevó a darme cuenta
de que me rompe soberanamente las pelotas estar al lado de gente emocionalmente inestable.

Mi tipo?? Mi novio no formaba parte de ese grupo ideado en mi cabeza y, sin embargo, con él funcionó.
No se que me llevó a salir con él esa primera vez. Pero lo hice. Y en ese bar me enamoré.


Siempre que a mis amigas solteras les agarra el bajón de la soltería,
se preguntan el por qué.
Y en cierta manera, también me lo pregunto yo.
Cómo es que llegué a creer que es fácil enamorarse y no sufrir como una yegua?
Cuáles fueron los pasos, si es que existen, para que yo formara parte de una relación saludable?

Y les digo...
"No se decirte el cómo, porque eso es un camino personal. Pero cuando empezás a escucharte a vos, es fácil no perderse de vista"

Y me digo...
"una de dos. O soy una inepta leyendo mi experiencia amorosa,
o el psicoanálisis hizo estragos en mí"