Algunos las cargan como fantasmas demasiados reales, otros en cambio las llevan tatuadas en la piel.
Muchos otros prefieren convertirlas en dolor físico y algunos pocos quizás, puedan hacer algo más que cargar con ellas...
De cualquier manera, una marca que se aloja en el cuerpo, no sólo es la figura en sí misma que representa, sino también es el tiempo que esa figura evidencia: una especie de actualización y representación de una vivencia donde está presente el dolor. Pero claro, nada quiere saber el Yo del dolor psíquico.
No, por Dios!
Pero más allá de su no querer saber, ese Yo (al igual que cuando nos quemamos y nos queda la roncha en la piel) queda marcado.
Las marcas que llevamos son entonces, especies de retorno a esos fantasmas del ayer y también una defensa ante el dolor psíquico que conlleva lo traumático.
Repeticiones que vuelven y vuelven a producir ese dolor que nos recuerda lo oscuro y pegajoso del pasarla mal.
Así, esas marcas cumplirán para el que las lleve la función de un indicio, una vuelta parcial de lo reprimido que dice de la existencia de la muerte... pero también dice sobre la vida. Marcas que funcionarán como señal de alarma, como defensa ante situaciones de peligro.
Y si esas marcas son marcas de un duelo respecto a una pérdida, a un abandono y a cuestiones que Ud. quiera agregar, será cuestión de tomar esa cruz, cargarla sobre donde se pueda y andar por la vida viviendo-negando-buscando-sabiendo del dolor de existir.
En el mejor de los casos, en el camino quizás esa cruz se convierta en lo que es en lo real... un dibujo que puede adornar el cuerpo y el dolor pueda así salir y ponerse en palabras, dejando atrás la memoria-olvido, y convertirse en memoria-recuerdo-repetido-elaborado.
No. No me convertí en Emo.
Quizás no quiera-pueda-tenga ganas de elaborar todavía.
(y además autoflagelarme a mi edad, no daba)
así que me tatué.
No hay comentarios:
Publicar un comentario