Me traje un yuyo muy lindo del pueblito lejano, donde mi hermano se fue a vivir.
Yuyo que, por cierto, soportó heladas y meses enterísimos sin agua.
Llegó a casa medio cachuzo, pero aún conservaba su jovialidad.
No con un verde que digamos uh que verde... pero se la bancaba.
Lo planté. Con una cuchara y mucha paciencia, lo planté.
Lo regué... algunos días.
Al muy puto le costó dos días volverse cachuzo todo.
Y ahora tengo, además de una azalea marrón, unos palos con hojas grises.
Lindo balcón.