Hoy estuve la mitad del día con la sensación de que el cuerpo me pesaba 68 kilos más. A pesar de eso, tuve que escuchar un par de veces un "Estás más flaca nena, muchísimo más flaca. Mirá tus patitas! Estás comiendo bien??"
La verdad es que no.
La verdad es que no se cocinar. Detesto cocinar.
La verdad es que tengo cerrado el apetito y mi metabolismo cambió.
La verdad es que alguien me había arruinado el día sin saberlo.
"La semana que viene es la última, y se va"
y pum.
Abajo toda esa superación que bien había sabido soportar.
Llegué a casa exausta.
Un poco por mi indisposición berreta y otro tanto porque me cabe el drama, lagrimeé en el trayecto a casa.
Me compré dos panes lastimosos y un alfajor. La noche pintaba pesada, asi que elegí uno triple.
Ni bien abrí la puerta de casa, me tiré en mi cama de 2 plazas a llorar.
Llorar con ganas, llorar a lágrima viva, llorar a chorros, llorarlo todo, como una vez escribió el grandísimo Girondo.
Para los (pocos) que no lo saben, mi mudanza se hizo con una perra abajo del brazo.
No es mía sino que vino en la letra chica de la escritura del departamento.
Al principio no fue fácil. Lola estuvo muy triste desde la partida de sus dueños y, con embarazo psicológico a cuestas, no quería salir ni a pasear.
En vano eran mis intentos de acompañarla.
Estaba triste y en su lugar queria quedarse.
Con el tiempo Lola y yo fuímos haciéndonos amigas.
Hoy, como todos los días, ella me acompañaba.
No podía agarrarmela con la perra, asi que con correa en mano y maquillaje corrido, le dije de salir a pasear.
Ambas lo necesitábamos.
Tomé aire. Mucho aire. Mientras Lola me miraba de reojo y tironeaba de la correa por más.
Volvímos y me quede largo rato haciéndole mimos (creo que nos llevamos bien por eso. Ella me pide cariños y para mi los mimos son terapeuticos, así que asi pasamos el tiempo)
Y ahí me di cuenta de todo.
Tiradas en el piso bajo una luna bien clara, me dí cuenta de todo.
Las dos estábamos solas. A las dos nos habían abandonado, cada una a su manera. Y ella estaba ahí pidiendome cariño. Lola estuvo muy mal y sin embargo estaba ahí acompañándome. Se había repuesto de algo que no fue y estaba construyendo otra historia conmigo.
Asi que... qué era lo que estaba haciendo yo? Llorando por cuántas cosas que no fueron? Llorando por qué película imaginaria?
El amar es un verbo. No me vengan con otras cosas. Pueden embellecerlo y hacerlo más poético. Pero el amar es un verbo.
No me importan los mimos ni las lindas palabras que me dijiste. Ya no estoy tan segura de lo prometedoras que fueron.
Amar es un verbo, una acción.
Y ninguno de los dos estuvo ahi para bancárselo.
chau querido.
la parte que aún te quiere realmente desea que te vaya bien.
Bueno no.
En realidad la parte que aún te quiere desea que te enamores como un zapato y que no te correspondan, que te mueras por estar al lado de alguien y que ese alguien esté escribiendo una historia en la que vos ni siquiera apareces en las notas al pie.
y que además,
tengas necrosis en el pito.
Dia posterior, digo:
ResponderEliminarSi. Me cabe el drama cual Luisa Kuliok
Aguante el drama, lo necesitamos!!!! por eso imaginamos la imagen corriendo detrás del tren, llorando, con un pañuelo en la mano para decir adios!
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