sábado, 11 de diciembre de 2010

Hacete una película con esta

Y porque son fechas en las que uno hace resumenes de lo que pasó, balances de lo que fue, y proyectos para no caer nunca jamás en cosas aburridas, que lastiman y otras que hacen mal... hoy me llegó un mail de Horacio.

A Horacio lo conocí hace muuucho tiempo atrás. Él salía de una relación profunda, lastimado y con heridas abiertas. Y yo... yo salía de otra nube planetaria amorosa.
Nos encontramos los dos en un bar. De casualidad. De causalidad, cómo después nos gustaba llamar a ese encuentro.
Yo estaba contenta y acompañada de amigos. Sabía que las copas bebidas esa noche habían ayudado un poco... pero me sentía bien conmigo misma y tenía ganas de todo, menos de pensar.
Él ya estaba ahí. Sentado con dos amigos, dos desconocidos (según me dijo él después) No sabía muy bien cómo había llegado hasta ese lugar, pero esa noche necesitaba (otra vez) no recordar sus heridas.

Irrumpí en su mesa y en su conversación. No suelo hacerlo, pero esa noche era diferente.
Yo no le caí bien de entrada. "¿Quién eras vos para irrumpir de esa manera? ¿Habar de Freud, de las mujeres y de las relaciones amorosas? ¿Qué pretendías demostrar?" me preguntó cuando ya estábamos en confianza.
Aún así, él se quedó y me habló. Hablamos mucho. Los demás se movían a nuestro alrededor mientras nosotros seguíamos hablando y creyendo que nuestra percepción (la mía por haber adivinado en un sólo intento el nombre de su madre, la de él por acertar mi signo zodiacal) era sinónimo de dos que se habían buscado sin saberlo.
"Hicimos del encuentro un universo sin tiempo", me dijo.
Y yo caí en sus redes de poeta meláncolico, pobre y mullido.

Nos volvimos a ver una segunda vez, antes de que él se fuera de viaje.
Nos encontramos a las 7 de la tarde después de recibir un mensaje que prometía "te parece vernos con mate y galletitas de por medio?"
Nos vimos. Con nervios y todo pero nos vimos.
Hubo mate, hubo conversaciones, hubo galletitas que ni probe, hubo más charla, hubo cine, hubo bar, hubo otro bar, hubo más conversación... hasta que a las 5 de la mañana y sin habernos besado siquiera (si, 10 horas después) él me confesó: "cuando estábamos viendo la película quise darte un beso acá"
El acá... era simplemente mi mejilla.
Y a mí, ensimismada como siempre por encontrar a ese principe azul que me despierte de mi letargo,  me pareció tierno.
Tierno... Un beso en la mejilla, después de 10 horas de hablar de su ex, de las causalidades, de la influencia de los astros planetarios y de la antroposofía... un algo que estudiaba su ex.

Me lo encontré un año y monedas después. Y terminamos besándonos en su terraza, mirando la luna y hablando de la energía que producía. Durante ese tiempo él había hecho algo asi como... plantar verduritas sin productos químicos aprovechando la energía (sí, él decía energía todo el tiempo) que las otras verduritas tenían. Y claro, él volvíó hablar de su ex.
Esa vez, él también volvió a viajar y cuando regresó jamás me lo dijo. Me enteré dias después y al recriminárselo él contestó con una seria de excusas que iban desde "estoy con cosas de la facu" hasta un "tuve que limpiar la pileta de la casa nueva de mi amigo y quería que nuestro encuentro sea lindo y en un contexto mejor". Remate.
Lo ideal no existe y en sus tiempos personales no había espacio para mi. Así que lloré por la ausencia que me deja hecha una piltrafa como siempre. Y me repuse, vaya una a saber cómo (porque siempre omito recordarlo para la próxima vez)

Hoy me llegó un mail de él invitandome a leer su blog. Escribe lindo y filma más lindo aún.
Sabía de sus cortos y que eran una especie de autobiografía de sus relaciones amorosas.
Así que (sola y con lluvia de fondo) me busqué en alguno de ellos.
Y no. Claramente no.
Horacio hablaba unicamente de su ex novia (hoy novia con todas las letras)


"¿¿Viste que cuando una lee lo que le pasa al otro cree que es una estupidez, pero cuando le pasa a una  eso no lo logra ver y se ahoga en un vaso de agua??" me dijo mi amiga una vez mientras hablábamos (otra vez) de las relaciones que no fueron.






Me busqué en sus cortos.

En los cortos que un alguien, que pasó sin pena ni gloria por mi vida, había hecho.







Quería ver escrito mi patetismo.
Sencillamente.
Sólo para darme cuenta del por qué me pasa lo que me pasa hoy con otra historia a cuestas, que sólo funciona en mi cabeza.
Y claro,
para saber que a mí la boludez no se me quita fácil.

4 comentarios:

  1. mas que nunca debìa estar filmada esa historia, en un corto.

    pero mejor a vos te vendria ahora un corte :)

    y no de pelo
    te quiero Dorisssssssssss



    pd. pongo anonimo porque por lo freudiano y lo paja no hace falta ponerme nombre jeje

    ResponderEliminar
  2. Estoy en una situación algo similar y con una ilusión que no se va por más fuerza que haga.
    Transito el momento, disfruto. Todo va a decantar con el tiempo, me digo. Mientras tanto, el sábado en la verdulería (después de haber comprado 1 banana, 2 batatitas, 1 cebolla y 1 tomate)la chica me dice: TENÉS QUE BUSCARTE UN COMPAÑERO. No sé si ella estaba pensando en mejorar los ingresos de su negocio o si en realidad fue un claro mensaje del SEÑOR. ja!
    Te escribí un montonazo!
    Beso!!

    ResponderEliminar
  3. Ufff...el tiempo. Hace un año y monedas que espero que el tiempo se lleve una (otra) historia que no fue.
    Que jodidas somos las mujeres a veces. En mi otra vida, quiero nacer varón.

    y siempre es un placer leerte por aca!!! Saludos

    ResponderEliminar